El Espanyol ha cerrado de la mejor manera, una vistosa victoria, unas semanas donde se ha hablado demasiado de aspectos extradeportivos. Y lo ha hecho demostrando, sobretodo, unidad, compromiso y oficio, superando a un Tenerife inconformista con eficacia, buen posicionamiento y seriedad. Lo mejor que le podía pasar a los de Pochettino era volver cuanto antes a la Liga, y hacerlo como lo han hecho: ganando.
No era fácil llegar a un partido de competición después de la incómoda semana que ha vivido el club. Pero hacía falta. Coincidían técnicos, jugadores y directivos en que lo mejor para la tranquilidad de la plantilla era que volviera ya la liga, regresar a la rutina semanal. Y con ganas arrancaron los primeros minutos los jugadores pericos, motivados y dinámicos desde el inicio a la busca de una nueva victoria. No tardaron ni diez minutos los pericos en sacudirse todo ese peso extra de una semana con demasiados movimientos extradeportivos. Callejón robó un balón en el centro del campo y le dio un perfecto pase en profundidad a Iván Alonso, que corrió más que ninguno de sus marcadores y se plantó ante Aragoneses, al que batió con frialdad en el uno contra uno.
Fue un golpe en la mesa perfecto, tanto de ejecución como por el momento en el que llegó, que venía a premiar la intención de un equipo que enseguida demostró que quería ganar este partido. Pero no duró demasiado ese buen sabor de boca, pues a los pocos minutos, Alfaro avanzó hasta las cercanías de la frontal del área y disparó. El balón salió raso, Kameni no lo pudo atajar, y tras pegar en el poste entró, casi llorando, a la portería perica.
Tras el intercambio de directos, el ritmo del partido se frenó, al menos en cuanto a llegadas de peligro, porque la intensidad seguía presidiendo cada acción sobre el terreno de juego. El Tenerife demostró que, pese a su clasificación, es un conjunto que sabe hacer bien las cosas, y no rehuyó la responsabilidad de llevar el ritmo de juego cuando tuvo la oportunidad. De todos modos, las llegadas más peligrosas se las siguió apuntando el conjunto local, especialmente un tiro de falta de Nico Pareja que se estrelló en la escuadra de Aragoneses. Unos minutos antes, Iván Alonso había levantado al público de sus asientos con endiablado tiro de rosca que la punta de los dedos del meta visitante enviaron a córner. El empate al descanso no era más que una tregua momentánea para dos conjuntos que iban a seguir dándolo todo en el segundo tiempo.
La segunda mitad empezó de nuevo con mucho ritmo y con llegadas de peligro a ambas porterías. El juego que planteaban los dos equipos era vistoso, ofensivo, vertiginoso, lo que convertía este Espanyol-Tenerife en un gran espectáculo. Al cuarto de hora de la reanudación, de nuevo hizo acto de presencia la aparentemente habitual trastada arbitral. Iván Alonso robó un balón, y cuando encaraba portería se cruzó por detrás un defensor tinerfeño, que le hizo caer. Pero la mala interpretación arbitral convirtió lo que debería haber sido una clamorosa y peligrosísima falta, con expulsión incluida, en una tarjeta amarilla para el delantero perico por simular una caída.
El uruguayo tuvo que tragar saliva y morderse los labios, pero el destino, su buena colocación y un excelente servicio del recién ingresado Fernando Marqués le proporcionaron el mejor de los desquites. Toda la rabia acumulada por el charrúa quedó liberada en ese remate de zurda que se incrustó en la portería rival. Llegó el 24 perico antes que el defensor a la pelota rasa que había puesto Marqués, justo después de realizar una brillante jugada personal, de aquellas de extremo de los de toda la vida. Velocidad, desborde y pegada. El ABC del fútbol de ataque, ni más ni menos.
Mucha frescura fue la que aportó el extremo madrileño tras su entrada. Desde que pisó el césped, ya no pudo ni parpadear Pablo Sicilia, que no sabía cómo pararle. Quien sí supo como parar a su rival fue el Espanyol. Los de Pochettino le fueron quitando vida al partido, dando pausa y minimizando las llegadas del Tenerife. Cuando la presión no era suficiente, inteligentes faltas en el centro del campo cortaban posibles contraataques, y la contundencia en la zaga no dejaba dudas frente a Kameni. Los segundos se fueron extinguiendo y el triple pitido final certificó un nuevo triunfo para el Espanyol, que le mantiene en la zona media alta de la tabla, y, más importante, premia el esfuerzo y la concentración de un equipo que se muestra cada día más y más unido.
Fuente:RCDEspanyol