Ha sido una final realmente tensa y disputada, tal vez una de las que más esfuerzo han exigido de sus participantes en los últimos años, pero finalmente el Real Madrid se ha impuesto al Barcelona por 1-0, en un partido realmente disputado, que ha exigido un trabajo casi sobrehumano de los dos equipos. Sin embargo, el Real Madrid se ha impuesto por su tesón, por su trabajo en equipo y, por qué no decirlo, porque finalmente su táctica ha dado los merecidos resultados.
El partido ha sido lento, cargado de emoción, y lleno de momentos de tensión, en los que ambos equipos han tenido oportunidades de llevarse la ansiada Copa del Rey. El Barcelona siguió en la línea del último clásico, saliendo al ataque y moviendo el balón al toque y con velocidad, mientras que el Madrid jugó más al contragolpe, calculando bien sus movimientos, y bloqueando durante los primeros noventa minutos al conjunto de Guardiola, incapaz de perforar la red de los merengues. Ello nos llevó directos a una prórroga forzada, puesto que antes de la misma el Real Madrid se recuperó espectacularmente, y puso en serios aprietos a los blaugranas. Y fue precisamente ahí, al final de la primera parte de la prórroga, donde Cristiano Ronaldo aprovecha un fantástico centro de Di María, expulsado en el último minuto de la prórroga, tras una pared con Marcelo.
Del partido hay que destacar el papel sobresaliente de todos los jugadores, pero especialmente de Casillas y Pinto, cuyas manos salvadoras intervinieron para evitar el desastre durante el partido y una prórroga de una intensidad tremenda. Por otro lado, destacable el épico duelo que finalmente ha sido este partido, el segundo de los cuatro clásicos del mes, y el consuelo para los blaugranas de que, pese a ser una derrota, el nivel de ambos conjuntos ha sido el máximo.










