Reclamaba Pochettino que el equipo mantuviese su identidad ante el Athletic. Era una manera de reivindicar y especificar que el Espanyol poco tendría que hacer si caía en el juego directo y físico de los rojiblancos. En esa parcela hay poco que rascar. Demasiada diferencia entre uno y otro equipo. Caparrós lo sabe y trata de convertir cada duelo en un combate directo sabedor de que esas pueden ser sus armas más claras. Llorente, Amorebieta, San José o Javi Martínez son auténticos tanques que aportan centímetros y peso al juego físico. El Espanyol, como había insistido el técnico, tenía que huir de ese tipo de juego. Le tocaba mantener sus señas de identidad esta temporada en la que está ofreciendo un juego veloz, de toque, de solidaridad y apoyo entre líneas y de alegría ofensiva. Así lo hizo en la primera mitad y no hubo más color en el campo que el blanquiazul, pero la fuerza y la intensidad local, además de la permisividad arbitral, en la segunda mitad, le dio la vuelta a un resultado que ni podían imaginar.
Con las ideas tan claras, desde el principio, no es de extrañar que el partido se jugase más tiempo en el campo del Athletic que en el que defendía el Espanyol. Parecía que el equipo estuviera en casa, de tan seguro y confiado como se acercaba a Gorka Iraizoz. Por cierto, el meta navarro evitó que su equipo llegara al descanso con un claro marcador en contra. Desbarató un chut de Osvaldo por abajo, sacó una mano portentosa ante Dátolo, envió a córner hasta tres balones colgados sobre su larguero, pero no pudo evitar que Osvaldo ganara la espalda de Amorebieta, esperara su salida y lo superara con un chut cruzado, en el minuto 32.
El Athletic, enrabietado aún por la derrota del pasado domingo en el derbi vasco, lo porfiaba todo al poderío aéreo de Toquero y Llorente, pero donde no llegaban los centímetros blanquiazules lo hacían las continuas ayudas entre líneas.
La entrada de Orbaiz, en la segunda mitad, le dio un poco más de criterio al Athletic, que comenzó a mover la pelota con más intención, aunque tenía que echar mano de Llorente para crear verdadero peligro, como en un remate que se llevó por fuerza a los dos centrales blanquiazules. Luego, logró un gol marca de la casa, el primero que le hace al Espanyol, al aprovechar un centro de David López, que acababa de entrar al campo, desde la derecha.
Los blanquiazules, que hasta entonces habían aguantado a base de juego, toque y talento, empezaban a notar el peso del desgaste físico. Con el campo pesado, con el Athletic volcado y con la grada convencida de que lo peor ya había pasado, David López, de falta directa, puso el 2-1. El Espanyol acabó reclamando un claro empujón de Gorka sobre Víctor Ruiz dentro del área que Ayza Gámez, que no quería problemas, acabó convirtiendo en amarilla para Verdú por protestar.
Fuente:RCDEspanyol