1-1: La polémica empaña el gol de Osvaldo y se lleva dos puntos

A veces, por más que se pelee, se intente y se haga bien, queda claro que no se puede luchar contra los elementos, léase increíbles decisiones arbitrales. El partido de esta tarde ha sido una clarísima muestra de ello, con un Espanyol que jugó un soberbio segundo tiempo, cercando la portería de un Mallorca en estado de gracia esta temporada, y sólo un más que muy discutible penalti sobre Rubén llevó la igualada al electrónico. Una igualada, huelga decir, que no existió sobre el césped, pues los de Pochettino jugaron mejor, atacaron más y hicieron mejor fútbol que su rival.

Sin duda, el RCD Mallorca no era el rival más propicio para recuperar la senda victoriosa. Los de Manzano se han encaramado, con media temporada jugada ya, hasta las posiciones más nobles de la clasificación, merced a un juego intenso y estudiado, y aterrizaban en el Estadio RCDE como poseedores de una plaza de Champions League. Pero la solvencia de los últimos partidos como local y las cifras de los baleares fuera de la isla llamaban al optimismo. Además, la afición blanquiazul iba a poder ver en directo, y desde el primer minuto, al último fichaje, el argentino Dani Osvaldo.

Poco más ofreció el partido durante los primeros minutos, en los que se vio a dos equipos que se centraron primero en asentarse defensivamente y asegurar en las jugadas cerca de sus áreas. Eso llevó a un juego romo y falto de efectivos en el frente, donde Osvaldo y Keita se tenían que buscar las habichuelas ante defensas rivales. Los de Pochettino, sin embargo, aprovecharon esa igualdad mejor que su oponente, para ir adueñándose del juego, el protagonismo, y la posesión. Pese a que Aouate no sufrió más de dos sustos con disparos de Javi Márquez y Osvaldo, menos lo hizo su homólogo perico, y el dominio era incuestionablemente blanquiazul al término de la primera mitad.

Pero todo lo que faltó en la primera parte, llegó en los primeros segundos de la reanudación. Osvaldo se estrenó con su equipo ante su afición con un tanto de verdadero delantero centro, recogiendo un servicio desde el costado, revolviéndose en el área y batiendo a Aouate para desatar la ilusión en la grada. El delantero argentino, que hizo gala de su clase durante todo el choque, siguió causando problemas a los zagueros rivales, y unos minutos después cayó en el área, víctima de un posible penalti.

Eran los mejore minutos de un Espanyol que se lanzó a finiquitar el partido, y a punto estuvo de hacerlo merced a otra buena acción del nuevo jugador blanquiazul, que templó un balón para la llegada de Verdú, que remató fuera por poco. Le siguieron dos buenos intentos de Callejón buscando el ángulo de Aouate. El susto llegó minutos después, con el libre directo que Ramis estrelló en la cruceta. No se asustaron los de Pochettino, que mantuvieron el cerco a la portería balear.

Pero faltaba, para no fallar a la tradición, la controvertida decisión arbitral, que, para seguir sin romper las costumbres, perjudicó al Espanyol. Seriamente, además. En un tiro de falta sin aparente peligro, Rubén se desplomó ante Víctor Ruiz, y Rubinos corrió sin pestañearhacia el punto de pena máxima perica, ante la atónita mirada de jugadores y aficionados, que incluso tardaron segundos en darse cuenta de lo que había señalado el colegiado. Bruno no desaprovechó el regalo, y igualó un marcador que jamás debió estar igualado.

Los minutos posteriores nos dejaron el debut en Primera División del jovencísimo Jordi Amat, un central muy prometedor que ha jugado más de diez años en nuestra cantera, y que demostró en tres acciones la calidad que atesora. También quedó tiempo más que de sobras en esos últimos minutos para que Rubinos continuara la esperpéntica actuación que había iniciado instantes antes, comiéndose tarjetas clarísimas en contra del Mallorca. El punto álgido de su actuación, más allá del penalti fue conceder medio cambio: es decir, permitir que el jugador substituido abandonara el terreno de juego, pero reanudar el juego sin permitir que el jugador de refresco, Amat, ingresara en el terreno de juego. Ver para creer…

La casta no le valió al Espanyol para sobreponerse a todas esas circunstancias, y pese a que lo intentó, no consiguió llegar a la portería de Aouate con peligro, y el partido se esfumó con reparto de puntos entre la estruendosísima pita de la afición a un árbitro que de nuevo fue decisivo en el marcador, donde no tiene que serlo jamás.

Fuente:RCDEspanyol

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About the Author: Javier Córdoba

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