3-2: Espanyol respondón

Pochettino había anunciado que no haría inventos ni cosas raras -lo dijo con una onomatopeya que hizo reír a la concurrencia en su rueda de prensa previa al partido- para enfrentarse al Barcelona. Tenía claro que, por encima de todo, debía dosificar a una plantilla diezmada desde la pretemporada por un rosario de lesiones y castigada por la tensión de los pobres resultados en la Liga. El técnico, que acaba de llegar y trata de sacar el máximo partido a este grupo, optó por mezclar titulares y suplentes y sorprendió, relativamente, con un planteamiento táctico casi inédito en el que dos líneas de contención, intercaladas con Sergio Sánchez, trataban de frenar las presumibles acometidas de los blaugranas.

Con esa idea sobre el campo, los blanquiazules se encontraron cómodos, relajados, midiendo muy bien el terreno que pisaban, juntándose unos a otros y cerrando todos los huecos que buscaban los azulgrana y que hacen que se desenvuelvan sobre el campo casi de memoria. Cristian se adelantaba en todos los balones aéreos y los centrales atendían a los continuos cambios de posición de los delanteros locales. Un gol anulado por fuera de juego a Gudjohnsen despertó a los de Pochettino que no renunciaban a contragolpear a la mínima oportunidad. De hecho, Jonathan Soriano desaprovechó una ocasión muy clara, clarísima, en franca ventaja antes de llegar a la media hora de juego.

El Barcelona, maniatado, no tenía la fluidez que reclamaban los aficionados en la grada, pero insistía en encontrar un resquicio por el que abrir el marcador. Y lo hizo. Fue como consecuencia de un chut lejano de Sylvinho que Cristian no pudo atajar y lo dejó muerto a pies de Bojan quien, atento a la jugada, intuyó qué sucedería y se adelantó a los defensas blanquiazules.

Al Espanyol no le dio tiempo a digerir y recomponer el partido tras el descanso. Xavi dibujó una excelente asistencia para Bojan que sólo tuvo que levantar la pelota sobre la salida de Cristian para marcharse en el marcador. Con el 2-0 a favor, el partido parecía que no tendría más suspense. El Barcelona se sintió ganador de antemano y seguro de que ya no tendría más oposición. Piqué se quiso sumar a su particular e histórica rivalidad contra los blanquiazules y sumó el tercero apenas ocho minutos después al rematar de cabeza un centro de Dani Alves. Pero el Espanyol se resistía. Y mucho. Primero Coro acortó distancias con un chut desde el borde del área que rozó a Puyol y superó a Pinto. Era el primer aviso serio de que no habría rendición.

Guardiola fue colocando piezas de refresco sobre el campo por el ‘por si acaso’. Y tenía razón porque Callejón marcó el mejor gol de la noche, al sorprender a Pinto con un extraordinario chut lejano que le dobló las manos al meta azulgrana. Ya no había risas entre los azulgrana. Ya no había fiesta, sino tensión que subía por la grada y llegaba más arriba del palco. El Barça no acababa de acertar y el Espanyol cada instante que pasaba era más respondón, hasta el punto de que Pinto tuvo que salir a despejar de cabeza fuera del área una aproximación de Coro. El Barcelona ya no sabía si mantener su exigua ventaja o tratar de arrinconar, con balones largos, al Espanyol. Era la hora del sufrimiento, de la tensión que no han tenido en todo lo que se lleva de campeonato y hasta Pinto le arañaba todos los segundos que podía al cronómetro intentando que el partido acabara cuanto antes. El último arreón visitante se quedó sin premio pese al esfuerzo.

Fuente:RCDEspanyol

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About the Author: Javier Córdoba

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